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RITA CAPELLAN

MIS LETRAS ESTRENADAS

1 Septiembre 2008

¿POR QUÉ MUCHOS HIJOS RESIENTEN A SUS PADRES?

¿POR QUÉ MUCHOS HIJOS RESIENTEN A SUS PADRES?

POR CÉSAR ROMÁN SASSONE, AUTOR DE PADRES E HIJOS

“Tengo dolor de mis padres”, exclamaba María, una señora de piel canela, y unos 50 años, entre lágrimas amargas, en una sección de terapia de grupo. “Nunca me dijeron que me querían, y me maltrataban con golpes y con palabras.” Continuó diciendo…

Los Padres son en su mayoría, fuente de amor, comprensión, compasión, educación y buenos hábitos; son además el ejemplo del sacrificio, la entrega y la abnegación; entonces, ¿por qué en numerosas ocasiones muchos hijos los resienten?

A continuación enumeraré algunas de las causas del resentimiento entre hijos y padres, más con la intención de traer introspección, reflexión y sanar heridas, que con el propósito de culpar a seres que son víctimas de víctimas, y que muchas veces dan lo mejor de sí, pero que cometen errores inconscientemente o por ignorancia.

Es necesario saber que nacemos como seres egoístas y que demandamos atención las 24 horas al día, estas necesidades narcisistas del infante nunca son llenadas en su totalidad por los padres, entonces desde que nacemos crecemos con un vacío de amor, comprensión, etc.; vació que inconscientemente, una vez adultos, tratamos de llenar a través de los hijos, y así empiezan las anomalías…

Primero, tendría que mencionar el caso de las madres que desean tener un hijo para satisfacer sus necesidades egoístas de compañía y amor; madres que necesitan llenar su vació de soledad; o simplemente, deciden tener un hijo para “amarrar” al hombre de su vida. En estos casos, pienso que el hijo no nace en un hogar que le brindará lo que él necesita; sino, que nace para satisfacer las necesidades de un adulto desprovisto.

Segundo, si el nacimiento de la criatura no está planificado, llega a complicar la vida de la pareja en términos económicos, acrecienta el estrés, y el niño nace en un ambiente emocionalmente poco proclive para su normal desarrollo. Estas vibraciones de rechazo es algo que el infante siente desde el vientre.

Tercero, los hijos llegan a resentir a los padres que son sobreprotectores, aquellos padres que no les permiten desarrollarse, y que no los preparan para la vida. Los padres que no les enseñan a hacer oficios (a hembras y varones), a hacer diligencias, o a ser efectivos, llegan a convertir a sus hijos en seres poco útiles para desenvolverse y enfrentar los obstáculos de la vida. Estos hijos se sienten castrados cuando tienen que enfrentar la dura realidad de su existencia. John Bradshaw, autor del libro “The Family”, considera la sobreprotección como un abuso emocional.

Cuarto, por otra parte están los padres que abandonan a sus hijos. Las madres que han quedado embarazadas, y que por razones sociales o económicas se sienten en la necesidad de abandonar a sus criaturas, les inflingen una herida muy difícil de sanar, y que les mutila el alma en mil pedazos. Los padres que deciden dejar a su pareja o los hombres que engendran y luego no asumen su rol de padre están dando un porrazo a la estatua de mármol que debieran esculpir con delicadeza. El abandono crea un resentimiento que talvez, sólo horas de terapia, oración y perdón puedan llegar a enmendar.

Quinto, si hay un hijo (o hija) que tiene que tomar la posición de proveedor, y tiene que sacrificar sus sueños para cuidar de la madre; este hijo pueda que también llegue a resentir su forzado papel.

Sexto, otra de las causas de resentimiento hacia los padres lo constituye el abuso físico: las pelas, los golpes con cordones, herramientas, palos, galletas, trompadas, etc. Estas heridas perduran por años engendrando dolor y generando un comportamiento agresivo en la víctima, en lugar de corregir la conducta que se quiere erradicar. Por favor no confundan el abuso físico con el castigo, con la supresión de recompensas, ni lo confundan con la disciplina; elementos tan necesarios para la buena formación del individuo. Los padres dictatoriales golpean, los laisse-faire dejan hacer a los hijos lo que les venga en ganas, y los padres democráticos tienen un balance entre los castigos y las recompensas.

Séptimo, los hijos llegan a resentir a los padres que los abusaron verbalmente. ¿Por qué hay que decirle al hijo que es un puerco porque su cuarto está desordenado?; ¿por qué llamarlo estúpido porque no sabe resolver un problema de matemáticas? Todas estas etiquetas minan la autoestima de ese ser que decimos querer más que a nosotros mismos.

Octavo, un hecho aterrador que genera resentimiento es el abuso sexual. Cuando se roba la inocencia de un niño a través de tocarle sus partes íntimas, constituye una de las peores violaciones. A los niños hay que enséñaseles desde temprana edad que sus partes íntimas no deben ser tocadas por ningún adulto.

Noveno, hay otro tipo de abuso más sutil, pero muy dañino también, es el abuso emocional; es manipular, hacer sentir al hijo culpable, que no importa lo que haga, nunca es suficiente; es avergonzar, amenazar, tratar como un niño al adulto independiente; es faltar al respecto a ese ser humano, por sus cosas, su espacio, sus decisiones, sus elecciones, sus intereses. Mientras más grandecitos están, más hay que permitirles tomar decisiones y cometer sus propios errores. (Me refiero a decisiones dentro de los límites y dentro del presupuesto familiar, cuando están pequeños.)

Una vez el ser humano es adulto, debe respetársele su espacio y su tiempo, y éste adulto debe estar a cargo de su vida, tomar responsabilidad, y tomar sus propias decisiones: sobre su pareja, trabajo, carrera, finanzas, etc. Los adultos tenemos que aprender a vivir y dejar vivir.

Algunas veces, cuando los hijos adultos no hacen lo que los padres quieren, los padres los someten a una serie de presiones psicológicas, extorsiones económicas y cargas de culpabilidad. Repito, el adulto tiene derecho a tomar sus propias decisiones y es dueño de su espacio, de su ser, su dinero, sus propiedades, sin que los padres se inmiscuyan con “consejos” bien intencionados. Estos consejos son una flagrante forma de manipulación y abuso emocional. En mi libro Padres e Hijos, el final de una décima que escribí dice: “Una vez ya haya crecido, respetaré su opinión, no ejerceré imposición, si ha volado de su nido, consejo que no ha pedido, no tendrá gran acogida, a mí siempre se me olvida, que con alas volarán, dice el poeta Gibrán, tus hijos son de la vida.”

Otra forma de abuso emocional es la apatía; es el caso del típico padre trabajador y buen proveedor, que no “tiene tiempo” para pasarlo con sus hijos, no se interesa por las actividades de sus niños ni trata de canalizarlas. El hijo pasa a ser un recipiente que recibe objetos: regalos, ropa, dinero y hasta costosos viajes, pero no tiempo, atención y cariño ni tampoco disciplina.

Décimo, son muy frecuentes las manipulaciones orientadas a cambiar los intereses ocupacionales de los hijos “por su bien”. Muchos padres quieren que los hijos estudien “una carrera lucrativa y que les ofrezca seguridad.” Con esta acción están ignorando que el hijo no es un objeto sobre el cual ellos tienen absoluto control; lo que ellos quieren, a veces, es canalizar a través de sus hijos sus sueños truncos; y están ignorando las importantes teorías de Hipócrates sobre los temperamentos y la teoría de Gadner sobre las inteligencias múltiples. Los hijos nacieron con un temperamento y ciertas aptitudes únicas, y no son ni podrán ser nunca fotocopias a imagen y semejanza de los progenitores. Como dijo el poeta Kalil Gibrán :

Puedes tratar de ser como ellos, pero no pretendas que ellos sean como tú, porque sus pensamientos viven en las casas del mañana, lugar que no podrás visitar, ni siquiera en sueños.”

Onceavo, otra fuente de resentimiento en la familia es el trato preferencial que los padres ofrecen (talvez inconscientemente) a algunos de sus hijos. Aunque dicen, que todos los hijos se quieren igual; por ejemplo, a la hija mayor la mandan a estudiar fuera del país; mientras, a la segunda hija la mandan a una escuela pública; a la hembra le celebran una hermosa fiesta de 15 años y una boda suntuosa, y al varón lo mandan a un campamento. Se excusan las acciones en unos, se censuran las mismas acciones en otros. Estas diferencias que se establecen con la mayor, con el más pequeño o con la más bonita, etc, también son fuentes de resentimientos, no sólo hacia los padres, sino además hacia los hermanos que son objetos de los mencionados privilegios.

En el caso de que el hijo sea homosexual o la hija lesbiana, las diferencias que establecen los padres son muy notables, pues en estos casos, los hijos son muchas veces motivo de agravio y vergüenza para los padres; entonces, dicen: “¡Qué barbaridad!, ¿Qué va a decir la gente?” Sin entrar en detalles de orden moral, pues no es la intención de este escrito, pienso que de todas maneras, sus hijos son sus hijos, y que merecen el mismo respeto y amor que los demás.

Doceavo, cuando los padres están envueltos en alcohol y drogas crean un ambiente de inestabilidad y toxicidad en el hogar que es aplacado por el silencio y la negación de la pareja. En estos casos los hijos son obligados a callar y a pretender que no está pasando nada. En la edad adulta, los hijos llegan a resentir al adicto, y también llegan a resentir el comportamiento sumiso de la pareja codependiente que permitió los abusos.

Una vez ya hemos crecidos, los hijos, seres también imperfectos, no podemos seguir viviendo en el pasado, tenemos que perdonar y parar de culpar a las personas que hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas que poseían; y debemos entonces canalizar nuestro dolor a través de la oración, la terapia, las lecturas y los grupos de apoyo, buscando lograr paz, dar sentido a nuestras vidas, y detener este círculo tóxico de pasar las mismas actitudes negativas a la próxima generación.

cesaromans@aol.com

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Lizzy Frias

Lizzy Frias dijo

Excelente articulo.........Es muy cierto que muchas veces marcamos a nuestros hijos inconscientemente.

2 Septiembre 2008 | 04:51 AM

laura

laura dijo

no se que me averguenza,creo que todo, la separacion sociocultural, los gustos.
Mi padre me dio un nivel de vida bueno, me hizo sentir siempre que yo rstaba para más, que venía de una buena familia que debia ser profesional, todo eso hice. luego el quebro sus negocios, perdio todo, todo lo que yo sentia que era, hoy no habla de ciertas cosas, está resentido con todo, con el que la va bien econ omicamente peor, no me une ni una conversacion todo lo que yo digo son tonterias, nada hace falta, sus amistades cambiaron, cosa el la que no me veo reflejada, me siento mal por esto que escribo, mi mama soporta todo, no digo que sea malo, pero no me une nada odo lo que hace me molesta, siempre de mal humor, siempre agresivo verbalmente.gracias por escuchar

13 Abril 2009 | 07:07 PM

Beatriz

Beatriz dijo

..hace ya bastante mis hijas son hirientes y violentas, recibo un trato carente de respeto...pocos son los momentos que nos llevamos bien, son adultas y estan casadas, tienen 31 y 32 años, son trabajadoras, responsables y han enfrentado la vida con una perseverancia en el esfuerzo admirable.

Soy tranquila, amable he sido muy comprometida como madre, estoy haciendo analisis, estoy muy angustiada, solo espero de ellas respeto y buen trato.
...no encuentro nada para leer sobre los hijos adultos que "menoscaban" a su madre...soy muy sensible, he sufrido mucho, he podido salir adelante, pero el vinculo que se esta consolidando me angustia y atemoriza.

19 Agosto 2009 | 01:55 AM

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Sobre mí

Stgo, Rep.Dom. 14 enero 2011. Soy una dominicana de pura cepa que naci, creci, me eduqué y sigo viviendo y disfrutando de mi bello rincón caribeño, República Dominicana. Naci en una bella familia, compuesta por una farmacéutica y un agrimensor de profesión, ambos vivos y en muy buen estado fisico y mental. Tres hermanos, un hombre y dos mujeres, siendo yo la menor de todos. Un paquetón de sobrinos para completar y mis dos princesas, Juliana (21) y Camila (17). He creado este blog , con el propósito de aprender de los demás, escudriñar todo cuanto pueda , compartir los mios y los que me encantan que leo. En fin, un sin número de cosas que he descubierto en este mundo tan extenso e interesante.

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